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El “carnicero de Kabul” regresa a la ciudad que destruyó hace dos décadas

(EFE).- El antiguo líder del que fue el segundo grupo insurgente afgano Hezb-e-Islami (HIA), Gulbuddin Hekmatyar, fue recibido por el Gobierno a su regreso a la capital afgana, la ciudad que hace dos décadas le puso el sobrenombre de “carnicero de Kabul”.

Hekmatyar, uno de los señores de la guerra que luchó contra los soviéticos (1979-1989), se enzarzó a su término en una cruenta guerra civil contra otros comandantes que dejó 50.000 muertos y la capital afgana en ruinas, un episodio que hoy pidió olvidar durante un discurso ante centenares de sus seguidores en el palacio presidencial.

“Debemos mirar al futuro. No debemos llevar a Afganistán de vuelta a la era de la guerra y debemos proporcionar justicia a la gente”, demandó Hekmatyar tras reunirse con el presidente afgano, Ashraf Gani, siete meses después de firmar con él un acuerdo de paz.

Arropado por líderes políticos de diferente signo como el “carnicero de Kabul”, a cuyos hombres se acusa de cometer violaciones y otros crímenes de lesa humanidad durante el conflicto de los años 90, Hekmatyar afirmó que “el actual gobierno no está en posición de perseguir a los criminales de guerra”.

Defendió, además, que el sistema parlamentario no es “apropiado” para la actual situación en el país y que el Gobierno de Unidad Nacional “no va en el interés nacional”, por lo que deberían dimitir Gani o el candidato perdedor de las elecciones de 2014 y actual jefe de Gobierno, Abdulá Abdulá.

A pesar de sus críticas, negó tener intereses políticos y aseguró que pretende “cooperar” con el Gobierno sin aceptar ningún cargo.

En el acto en Kabul, el presidente afgano, por su parte, calificó de “gran paso” hacia la paz el regreso del antiguo señor de la guerra a la capital afgana, después de que permaneciese en paradero desconocido desde la caída en 2001 del régimen de los talibanes, a los que está ideológicamente próximo.

Hekmatyar, que fue primer ministro en dos ocasiones durante la década de los 90, reapareció la semana pasada en Afganistán, siete meses después de firmar el pacto de paz por videoconferencia y desde una ubicación secreta.

El acuerdo incluyó una amnistía por las actividades del grupo insurgente de los últimos 15 años, la repatriación “digna” de sus familias y la liberación de prisioneros que no cometieran crímenes.

El grupo de Hekmatyar aceptó la actual Constitución afgana, así como desmovilizar todos sus facciones armadas, además de comprometerse a cortar todos sus lazos con grupos terroristas y extremistas.

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