EEUU ELECCIONES

En las próximas elecciones, evitemos tropezar dos veces con la misma piedra.

Maribel Hastings y David Torres

Uno piensa, a veces inocentemente, que los hechos cataclísmicos tienen el efecto de lograr que las personas cambien sus modos, sus prioridades o se hagan más conscientes de la fragilidad que nos rodea en diversos ámbitos, incluyendo el político. Pero precisamente en ese frente, tal parece que han sido pocas las lecciones aprendidas.

Ahora mismo seguimos escuchando, leyendo y viendo mensajes políticos con el mismo tono racista y antiinmigrante por parte de candidatos republicanos, con los que no solamente arremeten contra comunidades de minorías, sino que se posicionan de nuevo entre los votantes que colocaron en el poder a uno de los presidentes más xenófobos de la historia de Estados Unidos.

Pasemos revista. Han transcurrido casi seis años de la elección de 2016 que nos trajo el Trumpismo y su secuela de desastres en diversos frentes, sobre todo a nivel constitucional y democrático; han pasado casi dos años de la elección general de 2020 que Joe Biden ganó, pero que Donald Trump tildó de fraudulentas, argumento que llevó al ataque al Capitolio el 6 de enero de 2021 por las violentas huestes de Trump y su intentona de golpe de estado para evitar la certificación de Biden como presidente electo. El caos resultó en muertes.

Quienes siguieron los hechos de ese día en vivo pudieron ver de primera mano cómo la desinformación, la propagación de mentiras cual si fueran verdades, el racismo, la xenofobia, la ignorancia y la maldad resultaron en un cóctel letal para la vida, la propiedad y la misma democracia.

No se trataba de una serie de televisión de acción y de intriga, sino la realidad estadounidense actual en tiempo real que dejó ver al mundo las miserias de un segmento de la sociedad que jamás ha entendido el privilegio histórico de la diversidad y de la inclusión. Y tampoco ha entendido el significado de la democracia.

Cuando finalmente Biden asume la presidencia, hereda no solo el desastre de la escandalosa presidencia de Trump, sino la pandemia que ha tenido repercusiones en la economía, aparte de una nación lastimosamente dividida. Le han tocado guerras extranjeras, como la invasión rusa en Ucrania, y guerras internas, las que se dan en su propio Partido Demócrata, o más bien las que han encabezado dos senadores demócratas conservadores Joe Manchin, de West Virginia, y Kyrsten Sinema, de Arizona, que paralizaron la agenda de Biden en el Congreso por su oposición a medidas centrales, como el urgente plan sobre infraestructura. 

Biden es otro presidente que se topa con el flagelo del fácil acceso a las armas que, sumado a prejuicios raciales promovidos por nacionalistas blancos, ha resultado en masacres donde el objetivo han sido las minorías.  

Los ejemplos, tan dolorosos, abundan. Pero los más recientes recrudecen el peligro y la ansiedad en que viven minorías como la latina, como la masacre en El Paso de 2019, que dejó 23 muertos a manos de un supremacista blanco de 21 años que creía en la teoría conspirativa de la “invasión hispana”.

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