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Nicaragua, sitio estratégico ruso en Centroamérica

La tarde del once de julio de 2014, el presidente Vladimir Putin aterrizó de sorpresa en el aeropuerto internacional de Managua. El avión presidencial Ilyushin Il-96-300PU provenía de Cuba. El mandatario ruso fue recibido con efusividad por su homólogo nicaragüense, Daniel Ortega. Ambos se fundieron en un abrazo de camaradas.

De esa forma celebraban en persona la cooperación económica y militar que El Kremlin proporciona a Managua, misma que es vista con recelos por Estados Unidos y otros países de la región centroamericana.

“Es una agenda muy amplia la que tenemos con usted, con su pueblo, en la que hemos venido avanzando de manera sostenida”, expresó esa vez Ortega ayudado de un traductor. Una agenda cuyo fuerte es la cooperación militar y el rearme del Ejército de Nicaragua, al que analistas independientes no le encuentran sentido lógico ya que no se vislumbran conflictos bélicos, pero sí un interés particular de Putin en la región.
Las relaciones ruso-nicas se reactivaron en 2007, cuando el mandatario sandinista regresó al poder. El estrechamiento de ellas fue reanudado después de la derrota del sandinismo en 1990 y la caída de la extinta Unión Soviética.

Putin empezó a enviar a Nicaragua granos básicos (especialmente trigo), y vehículos de transporte (taxis y autobuses). Sin embargo, los envíos moscovitas pronto llamaron la atención regional.

Bombas, tanques de guerra especializados y armas de alto poder también han sido proporcionados por el gobierno ruso a Nicaragua.

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